Por Miguel Romero Valadez
En la sesión de la investidura, una de las partes más interesantes, reflexivas y graciosas (personalmente) al inicio de la presentación de la historia de Adán y Eva es cuando Adán y Eva comen del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, Satanas les dice que se hagan delantales con hojas de higuera, ya que fueron conscientes de su desnudez, y les dijo que se escondieran.
Adán y Eva sintieron vergüenza y se realizaron los delantales con hojas de higuera para ocultar su desnudez; más yo diría: para INTENTAR ocultar su desnudez.
Dios les habla: Adán, Adán, Adán, ¿En dónde estás? Ojo con esta pregunta de Dios: Él ya sabía lo que Adán y Eva habían hecho y que estaban desnudos y escondidos, pero a través de las preguntas quería que Adán y Eva tomaran responsabilidad personal de sus actos y de su transgresión; esta parte de la responsabilidad es muy importante para lo que viene a continuación.
Adán le contesta: “Me escondí porque estaba desnudo”, tras lo cual Elohim le cuestiona: ¿Comiste del fruto del árbol del bien y del mal del cual te mandé no comer? Otra vez, atención con esta pregunta directa a Adán. Elohim no quería que Adán le revelara la verdad tras la pregunta, sino más bien que Adán sintiera la responsabilidad de haber fallado.
Entonces, la respuesta de Adán es, para mi punto de vista, de las respuestas más sinceras y chistosas que un ser humano puede dar: “La mujer que tú me diste y mandaste que permaneciera conmigo me dio del fruto y yo comí”.
Adán echó culpa, no tomó el 100 % de la responsabilidad personal y decidió excusarse en Eva y su mala influencia. ¿Acaso no hacemos eso nosotros también?
Entonces Dios se dirige a Eva y le cuestiona: «Eva, ¿qué has hecho?». Y Eva, aprendiendo de Adán, vuelve a mostrar el mismo patrón cuando dice: «La serpiente me engañó y yo comí». Ahora la culpa recayó en la serpiente, pero ¿Realmente fue culpa de la serpiente?
Al ver esto, Elohim pregunta a Lucifer: «Lucifer, ¿qué has hecho?». Y Lucifer, graciosamente, vuelve a repetir el patrón: «He hecho lo mismo que se ha hecho en otros mundos…», excusándose en las acciones vistas con anterioridad.
Después de esto, Elohim menciona las consecuencias de la «CAÍDA DE ADÁN Y EVA” y les ofrece la redención por medio de un Salvador (Jesucristo) y a través de convenios que los ayudarían a acercarse nuevamente a Dios y a su presencia.
Ahora, sin hablar de temas doctrinales como lo son: la necesidad de su decisión, la importancia de la caída como pilar del plan de salvación, el requerimiento del pecado y del alejamiento de Dios para encontrar la redención en Cristo, etc. Me gustaría enfocarme en esta acción de culpar a alguien más y no tomar sobre nosotros la responsabilidad de nuestros actos.
Al colocarse el delantal de hojas de higuera, intentaron sin mucho éxito (claro está) ocultar su desnudez. ¿No nos pasa esto también a nosotros?
Tratamos de ocultar nuestros pecados y errores, mentimos, fingimos y no tomamos responsabilidad de nuestra desnudez espiritual causada por el pecado.
Y así como Adán y Eva solo culparon a alguien más por su transgresión, en ocasiones también nosotros nos excusamos en las circunstancias o en la influencia de amistades u otras personas para intentar justificar nuestros errores, pecados y debilidades. Pero eso, lejos de acercarnos a Dios, nos aleja.
Las excusas, el intentar encubrir nuestros pecados o culpar a otras personas por nuestras malas decisiones son artimañas del adversario, y estas nos alejan de la participación efectiva de la Expiación de Cristo a través de un proceso de arrepentimiento personal.
Para mí, esta parte en el relato de Adán y Eva nos enseña 3 lecciones:
1.- Aunque podemos elegir nuestras decisiones, no somos capaces de elegir nuestras consecuencias.
2.- Al intentar encubrir nuestros pecados, solo nos alejamos de Dios.
3.- El culpar a otras personas o a las circunstancias que nos rodean por nuestras malas decisiones solo nos limita de poder experimentar la Expiación de Cristo.

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